Finalmente, PP y Cipal escenificaron el pasado viernes la firma de un pacto que, de hecho, ya existía desde el mismo día de las elecciones. Si no se ha hecho público antes es, en parte, porque a Carolina Punset le daba vergüenza que la gente se diera cuenta tan pronto de sus intenciones de gobernar con quien fuera.
El acuerdo que ahora ve la luz, únicamente responde a las necesidades de los líderes de los dos partidos que forman, ahora ya oficialmente, el gobierno municipal. Por un lado, Miguel Ortiz, un alcalde en pleno ocaso político que teme –injustificadamente- una moción de censura y se aferra al poder porque necesita una salida digna que no pasa por ser oposición. Por otro, Carolina Punset necesita protagonismo (prensa, fotos, radio, etc) para consolidar su cuota de poder. Y si ahora eso no se lo podía dar el PSOE, se lo daría el PP –además de un salario mejor para ella y para los sus dos concejales.
El BLOC ya manifestó que haría una oposición constructiva y propositiva, que ayudara al gobierno en minoría del Partido Popular a afrontar los tiempos de crisis. Creemos que los alteanos y alteanas pedían un gobierno abierto, donde todos participamos con propuestas para mejorar la penosa situación en que se encuentra Altea tras años de gobiernos que han vivido fuera de la realidad y que no se han preocupado en absoluto por el futuro del pueblo.
Por ello, el Partido Popular habría podido gobernar con total tranquilidad en minoría porque, entre otras cosas, el BLOC ya les hizo saber que la decisión de quedarse en la oposición respondía a la coherencia y al respeto a la voluntad de nuestros militantes y votantes, no al intento de formar otras mayorías que, de entrada, ya se demostró inviable.
Miguel Ortiz ha elegido, en este caso, el camino fácil. No ha intentado, ni tan solo en una ocasión, buscar el apoyo del BLOC para sacar adelante alguna de sus primeras propuestas. Ha elegido la comodidad que le da un pacto cerrado por encima de buscar, en cada momento, acuerdos en favor de Altea.
Por su parte, la líder de Cipal, ha decidido no quedarse “cacareando en la oposición” -y son palabras textuales. El trabajo de oposición es un trabajo muy digno y necesario, que va más allá de la crítica por la crítica y la necesaria fiscalización de la actividad del gobierno. Para hacer oposición hay que ser generoso y aportar ideas, otros puntos de vista que resuelvan los problemas de nuestro pueblo y de sus habitantes.
Para hacer eso, para ser útil a Altea, el BLOC no necesita que le concedan una parcela de poder. Con ello, lo único que se demuestra es incapacidad para trabajar de manera desinteresada. Muy al contrario de lo que argumentan los miembros de Cipal, en vez de superar el partidismo, lo que ha hecho Cipal es una operación calculada para conseguir más protagonismo y más poder para su partido.
De hecho, la señora Punset ya manifestó en su día que si no sacaba los resultados deseados era bien libre de dejar Altea e iniciar su proyecto en cualquier otro lugar. Así, la cosa queda en una suma de intereses: la tranquilidad de un alcalde que dejó Altea en la ruina tras años de estabilidad económica y el protagonismo de una persona que le da igual Altea, Finestrat o Ibiza y que es incapaz de aportar soluciones ni de trabajar de manera desinteresada.
Obviamente, el pacto no ha sido una sorpresa para nadie y mucho menos para el BLOC: se veía venir desde antes de las elecciones e, incluso antes de la firma, ya ha tenido sus resultados: el intento de quitar el Grado Elemental del Conservatorio y la negativa a que la subida de tasas se haga de manera progresiva; que la Feria EcoAltea -organizada por la asociación de donde han salido la mitad de los cargos de Cipal- nos cueste en época de crisis 15,000 euros; que se recorten las productividades de los trabajadores a todos por igual cuando la lógica dice que habría que estudiarlas caso por caso; que se amplíen las terrazas sin ningún coste degradando aun más la imagen de nuestra primera línea y ahuyentando al turismo; que la oposición trabaje sin información, etc.
Por último, el BLOC insiste en que el equipo de gobierno debería compartir sus planes, sobre todo con respecto al presupuesto municipal y al plan de saneamiento económico. Las decisiones que se tomen a este respecto serán de vital importancia para el pueblo de Altea y, por tanto, se debería buscar el máximo consenso.
Ahora nos queda conocer -a los concejales del BLOC y al pueblo de Altea- el contenido del anunciado plan de trabajo. No basta con hacerse una foto, deberían hacer público en qué términos pretenden gobernar Altea los próximos cuatro años y no deberían dejar de lado a la oposición si de verdad quieren trabajar para reducir el déficit del Ayuntamiento y mejorar la situación económica del pueblo en general.
Por ello, es muy importante que el gobierno propicie el diálogo para trabajar con transparencia, poner en común las propuestas de todos y llevar a la práctica las más efectivas. Si PP y Cipal se limitan a hacer un reparto de poder entre los dos, estarán cometiendo un grave error de nefastas consecuencias para nuestro pueblo.


